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jueves

Las fuentes de Granada... ¿Habéis sentido en la noche de estrellas perfumada algo más doloroso que su triste gemido? Todo reposa en vago encantamiento en la plata fluida de la luna. Entre el olor a nardos que se aspira en el viento la frescura del agua es como una mano que refrescase la sien calenturienta. El agua es como el alma de la ciudad. Vigila su sueño, y al oído del silencio le cuenta las leyendas que viven a pesar del olvido. Y bajo las estrellas de la noche tranquila tiene palpitaciones de corazón herido. La voz del agua es santa! Quien la profunda música de su acento adivina comprenderá algún día la palabra divina. El agua es guzla donde Dios sus misterios canta. Las fuentes de Granada... ¿Habéis sentido en la noche de estrellas perfumada algo más doloroso que su triste gemido? Una, gorgoteante, suspira entre las flores de un carmen, esperando una mano de ensueño que abra a la blanca luna sus claros surtidores para dar a la noche sus diamantes de sueño, y mientras, sobre el mármol, una a una, desgrana las perlas de sus ricos collares de sultana. Algunas se despeñan con ecos de torrente y entre las alamedas descienden rumorosas, arrastrando en el vivo fulgor de su corriente, en féretros de espumas, cadáveres de rosas. Otra, por las paredes resbala lentamente y entre las verdes hiedras lagrimear se siente, como si poco a poco, por una estrecha herida, se fuese desangrando hasta quedar sin vida. Las hay ciegas, y en ellas llora toda la móvil plata de las estrellas. Hay en el aire tanta humedad que da frío... La noche un fresco aroma acuático deslíe... El agua llora, gime, suspira, canta y ríe, y, dominando el gárrulo y eterno murmurio se oyen plañir las roncas serenatas del río. La sangre de Granada corre por esas fuentes, y en el hondo misterio de las noches serenas, al escuchar sus músicas sobre los viejos puentes, la sentimos que corre también por nuestras venas. Aduerme nuestro espíritu su musical encanto, bebemos el ensueño de sus respiraciones, penetra hasta la carne en lentas filtraciones y huye por nuestros ojos en un furtivo llanto. Las fuentes de Granada... ¿Habéis sentido en la noche de estrellas perfumada algo más doloroso que su triste gemido? F. Villaespesa









sábado

Estas dos fuentecillas a los pies del Generalife y tan maltratadas se alimentaban de las filtraciones de las Acequia Real, hoy no mana el agua de sus chorros y están abandonadas a su suerte. Llamadas la primera de la Salud, parece ser que por los beneficios que la ingesta de sus aguas producía y la segunda de la Agrilla, ambas fueron protagonistas de fantásticas leyendas, de los encuentros de aquellas famosas tertulias que en su día dieron lugar a la fundación de la Cofradía de la Fuente del Avellano por el insigne escritor granadino Ángel Ganivet que reunía a los más inquietos, ilustres y cultos de nuestra ciudad y quien sabe de las mil historias de amor y desamor fraguadas en estos parajes. Son las hermanas pequeñas de aquella, pasándola y siguiendo una vereda frondosa se llega a un espacio espectacular, si el deterioro no nos lo impidiese, nos podríamos sentar en sus bancadas y contemplaríamos el cerro Valparaíso, la Abadía del Sacromonte y el valle del río Darro, por desgracia también nos encontramos abandono y diversos cármenes, muchos en completa ruina, el telón de fondo por el contrario lo configura un cuadro bellísimo del Albayzin. Llegados aquí, la paz inunda los sentidos pues ningún sonido de la ciudad llega, la naturaleza en estado salvaje, el murmullo del agua del río Darro, de los insectos que pululan y los olores de las diversas plantas y florecillas silvestres son la única compañía.

Resolución de 6 de abril de 2016, de la Dirección General de Bienes Culturales y Museos, por la que se incoa el procedimiento para la inscripción en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz como Bien de Interés Cultural, con la tipología de Zona Patrimonial, del Valle del Darro, en los términos municipales de Beas de Granada, Granada y Huétor Santillán (Granada).





Junto al camino o vereda del Avellano, 
tras pasar la del mismo nombre y la fuente de la Salud, 
nos encontramos a esta Fuente Agrilla, 
conocida también por su localización como la tercera del Avellano. 
Hoy seca, como la anterior, se halla abandonada a su suerte. 
Su humilde frontis, que engalanaba un tímido caño, 
ha desaparecido, igual que una lápida 
que daba cuenta de algunos detalles de la misma. 
Del mismo modo, la bancada o poyos de piedra 
utilizados por los antiguos aguistas están en mal estado. 
Sentados en ellos se tenían unas privilegiadas 
vistas del Sacromonte granadino y de su Abadía, 

todo ello al otro lado del río Darro. 

Al igual que las otras fuentes del Avellano, 

su alimentación provenía en gran parte de rezumes 
y pérdidas desde las acequias superiores del Generalife 
y de la Alhambra.





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